en la Mecedora de Madera
Entonces dices que me ecuchas,
y como sé que tus manos
sostienen mi cintura,
si aún sintiendo
el roce de tus dedos
me siento Intacta.
¿Qué será?
y no hay eco,
se suceden raramente las fusiones.
He añorado tanto pertenecerte
que no sé
si aún luego
estaré sentada en la mecedora de madera.
Y no interrumpas,
no cortes esa flor,
ya tiraste micastillito de cartas.
¿Ahora qué voy a hacer yo?,
supe entonces tu respuesta
y entendí lo mucho
que me habías querido.
Repetiste yo, yo,
solo cinco veces...
Romina.
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